¿Sabías que estar sano te puede salir más barato en el futuro?

Los avances en la medicina así como en otras áreas como la nutrición y el medio ambiente han permitido que la población de los países más desarrollados envejezcan con mayor calidad de vida y más años.

Lo vemos en la gente de mi quinta, los 40 y tantos, que se cuida y hace deporte, que son mucho más jóvenes biológicamente que la edad que indica su DNI. También se dice que Los 60 de hoy son los nuevos 40. Este seria en nuevo cáliz de la eterna juventud.

Existe un término llamado “Juventología” que se refiere justo a eso.  Lo creó el biólogo celular Valter Longo para referirse a la ciencia que estudia cómo mantenerse joven en el tiempo. Juventud está asociada a salud, con lo cual la prevención pasa a ser primordial hoy en día.

Pero en la sociedad frenética en la que vivimos, la realidad de la mayoría de la población es otra. Comemos mal, dormimos mal, apenas nos movemos y estamos en permanente conexión. Todo eso hace que estemos en una espiral de salud enfermiza en la que parcheamos los dolores para poder seguir conectados y produciendo.

Esos mismos parches que nos provee la industria farmacéutica son muy onerosos, porque no atacan el problema de raíz, sino que ayudan a cronificar la gestión de las patologías mediante el alivio temporal y localizado. Estar enfermo, nos guste o no, da dinero, aunque no sea ésta la misión de las farmacéuticas.

Del mismo modo, la industria alimentaria contribuye a alimentar ese ritmo frenético de la sociedad, a través de la comida ultra procesada que, si bien nos ahorra tiempo, nos lleva a medio y largo plazo al hospital. No sabemos quién fue antes “si el huevo o la “gallina”, pero en todo caso, parece que hemos llegado al límite.

Si una cosa nos ha enseñado la pandemia es la importancia de cuidar nuestra salud, y en concreto, reforzar nuestro sistema inmune. No sabemos cuándo vendrá la siguiente pandemia, pero si quieres empezar a prevenir, ahora es el momento.

Y en la prevención, es precisamente, donde reside el cambio de paradigma en el sector de los seguros de salud.

Ya hay algunas aseguradoras, las pocas, se han dado cuenta de que se puede ganar mucho más dinero si nos mantenemos todos sanos. Se trataría de alinearse con los pacientes para que cambien su estilo de vida y, en consecuencia, su salud gracias al uso de dispositivos “wearables”.  Si alcanzan los objetivos de salud planteados por la aseguradora, su póliza tendrá una rebaja.

De esta manera, las aseguradoras contribuyen a motivar a los pacientes a mejorar su salud, al tiempo que reducen sus pagos en caso de reclamación.

En este “win-win”, los hospitales y los médicos también ganan. Su objetivo es evitar que el paciente tenga que hospitalizarse porque su salud es buena o si tiene que quedarse en el hospital sea por un tiempo muy breve.

Creo que es un acercamiento proactivo al riesgo muy interesante, que puede contribuir a mejorar la salud en general y a aliviar la carga asistencial, tanto en hospitales como centros de salud, que está absolutamente sobrecargada.

Me gusta la idea de recompensar al paciente por su esfuerzo en mejorar su salud, y ahorrar al sistema en gasto sanitario, pero habrá que legislar mucho para que otros sectores trabajen en la misma dirección y vayamos alineados.

Si buscamos un cambio de comportamiento y estilo de vida, creo que es mas util recompensar el esfuerzo en positivo que «cosernos» a impuestos y prohibiciones, que muchas veces son peor que el propio remedio.

¿Te gusta este nuevo enfoque proactivo? ¿Cuál es tu opinión? ¿Crees que puede funcionar?

 

Ilustración: Gerhard Haderer

Hace ya mucho tiempo que tengo la sensación de que el periodismo ha perdido su esencia.

Supuestamente, su objetivo es el de dar una opinión veraz y actualizada a los ciudadanos, para ayudarles a saberlo que está ocurriendo y, poder así, hacer valer sus derechos y su propio juicio crítico.

Pero me temo que su misión se ha desnaturalizado con la implantación de la digitalización y de las redes sociales.

El oficio de periodista se ha pauperizado en las ultimas décadas. No sólo está mal pagado, sino que se ha ido usurpando por los nuevos comunicadores digitales. Los mal llamados “influencers” son los nuevos periodistas con valor para la audiencia.

Producen 24 por 7 para dar “alimento” novedoso a sus impacientes seguidores. Lo de menos es el tipo de contenido o la veracidad del mismo. Cuantos más estímulos genere, mejor. Ante tal ataque, el periodismo no ha tenido mas remedio que digitalizarse y adaptar los mismos “tics” de la hiperconexión digital.

Las “fake news” y las noticias semi veraces están a la orden del día. Los diarios digitales son plataformas de producción de noticias en masa, donde lo que se busca es el título gancho, el estímulo.

La gente ya no lee, sólo escanea, de ahí la necesidad de llamar la atención sin necesidad de comunicar nada. Sólo se busca la inmediatez. Las noticias se han “twiterizado” con el fin de atraer visitantes al diario, aunque estos no pretendan leerlo. Las impresiones cuentan, si se trata de vender.

Los periódicos se han convertido en panfletos de los partidos políticos con retoques estéticos para que no sea muy evidente. Las líneas editoriales son en la mayoría de ellos, pura reproducción del argumentario político de los partidos de turno. Son vasos comunicantes. Ambos actores se filtran la “basura” que guardan y luego conciertan su “modus operandi”.

¿Y que hay de los pobres ciudadanos? Pues, a tragar se ha dicho. La gente apenas tiene tiempo para vivir su vida puesto que el trabajo lo absorbe todo. Y con lo poco que tiene, se conectan al parte diario donde las noticias apocalípticas se suceden.

Que si sube el paro, la inflación, que la guerra podría ser nuclear, asesinatos diarios de mujeres, robos, terremotos, que la crisis está al caer…En fin, todo son buenas noticias. Con este panorama, mejor no salir de casa. Pareciera que este embrutecimiento intelectual constante les sirve a los que nos dirigen, para mantener a la masa pasiva y centrada en seguir trabajando y produciendo.

¿De verdad no hay noticias buenas? ¿No hay acaso gente que esta haciendo cosas buenas por los demás? El mundo está mucho mejor que antes gracias a innumerables avances.

¿No será que lo negativo vende? En la era digital, la sobreestimulación está a la orden del día. Si no nos estimulan, no prestamos atención. Los grandes grupos de comunicación están a la caza de nuestra atención, de ahí que nos quieran impactar cada día con lo peor, para que no dejemos de conectar.

Hace poco ví a un corresponsal de guerra hablando de Ucrania que me hizo reflexionar. Siempre conectaba, desde una de las grandes plazas de la capital, para informar de la actualidad de la guerra. Pero su información se basaba en lo que otros medios del país decían o lo que había oído en la capital. No había estado en el campo de batalla a diferencia de los corresponsales de antaño como Perez-Reverte.

Lo que importa es la inmediatez, aunque no tengas nada que contar. Eso sí, ataviado con un chaleco antibalas y casco. No le juzgo, ya que es muy posible que, primero, fuera “free-lance”, y que, segundo, el diario pagara tan poco, que fuera el único que se presentara voluntario para ir.

El periodismo es un contrapoder muy importante en democracia. Si este se mercantiliza, la información se embrutece y la democracia pierde.

Como siempre, es importante tomar consciencia de la “mercantilización” de la información, usar nuestro espíritu crítico y consultar múltiples fuentes.

 

Ilustración: @pawel_kuczynski1