Hace ya mucho tiempo que tengo la sensación de que el periodismo ha perdido su esencia.

Supuestamente, su objetivo es el de dar una opinión veraz y actualizada a los ciudadanos, para ayudarles a saberlo que está ocurriendo y, poder así, hacer valer sus derechos y su propio juicio crítico.

Pero me temo que su misión se ha desnaturalizado con la implantación de la digitalización y de las redes sociales.

El oficio de periodista se ha pauperizado en las ultimas décadas. No sólo está mal pagado, sino que se ha ido usurpando por los nuevos comunicadores digitales. Los mal llamados “influencers” son los nuevos periodistas con valor para la audiencia.

Producen 24 por 7 para dar “alimento” novedoso a sus impacientes seguidores. Lo de menos es el tipo de contenido o la veracidad del mismo. Cuantos más estímulos genere, mejor. Ante tal ataque, el periodismo no ha tenido mas remedio que digitalizarse y adaptar los mismos “tics” de la hiperconexión digital.

Las “fake news” y las noticias semi veraces están a la orden del día. Los diarios digitales son plataformas de producción de noticias en masa, donde lo que se busca es el título gancho, el estímulo.

La gente ya no lee, sólo escanea, de ahí la necesidad de llamar la atención sin necesidad de comunicar nada. Sólo se busca la inmediatez. Las noticias se han “twiterizado” con el fin de atraer visitantes al diario, aunque estos no pretendan leerlo. Las impresiones cuentan, si se trata de vender.

Los periódicos se han convertido en panfletos de los partidos políticos con retoques estéticos para que no sea muy evidente. Las líneas editoriales son en la mayoría de ellos, pura reproducción del argumentario político de los partidos de turno. Son vasos comunicantes. Ambos actores se filtran la “basura” que guardan y luego conciertan su “modus operandi”.

¿Y que hay de los pobres ciudadanos? Pues, a tragar se ha dicho. La gente apenas tiene tiempo para vivir su vida puesto que el trabajo lo absorbe todo. Y con lo poco que tiene, se conectan al parte diario donde las noticias apocalípticas se suceden.

Que si sube el paro, la inflación, que la guerra podría ser nuclear, asesinatos diarios de mujeres, robos, terremotos, que la crisis está al caer…En fin, todo son buenas noticias. Con este panorama, mejor no salir de casa. Pareciera que este embrutecimiento intelectual constante les sirve a los que nos dirigen, para mantener a la masa pasiva y centrada en seguir trabajando y produciendo.

¿De verdad no hay noticias buenas? ¿No hay acaso gente que esta haciendo cosas buenas por los demás? El mundo está mucho mejor que antes gracias a innumerables avances.

¿No será que lo negativo vende? En la era digital, la sobreestimulación está a la orden del día. Si no nos estimulan, no prestamos atención. Los grandes grupos de comunicación están a la caza de nuestra atención, de ahí que nos quieran impactar cada día con lo peor, para que no dejemos de conectar.

Hace poco ví a un corresponsal de guerra hablando de Ucrania que me hizo reflexionar. Siempre conectaba, desde una de las grandes plazas de la capital, para informar de la actualidad de la guerra. Pero su información se basaba en lo que otros medios del país decían o lo que había oído en la capital. No había estado en el campo de batalla a diferencia de los corresponsales de antaño como Perez-Reverte.

Lo que importa es la inmediatez, aunque no tengas nada que contar. Eso sí, ataviado con un chaleco antibalas y casco. No le juzgo, ya que es muy posible que, primero, fuera “free-lance”, y que, segundo, el diario pagara tan poco, que fuera el único que se presentara voluntario para ir.

El periodismo es un contrapoder muy importante en democracia. Si este se mercantiliza, la información se embrutece y la democracia pierde.

Como siempre, es importante tomar consciencia de la “mercantilización” de la información, usar nuestro espíritu crítico y consultar múltiples fuentes.

 

Ilustración: @pawel_kuczynski1

No sé si convendréis conmigo pero uno enciende “la caja tonta” y pareciera que los astros se han conjurado para destruir el mundo . La TV surgió como la gran ventana al mundo a través de la cuál el mundo se hacía más cercano, y podíamos aprender de sociedades lejanas, nuevas culturas y demás aspectos de la vida.
Sin embargo, con el tiempo la TV ha pasado a ser un elemento de servicio público a un gran sumidero de diferentes desechos que van desde la publicidad, pasando por la telerealidad a la política.
La TV es el producto de muchos productos y su misión es condicionarnos tal y como hace la publicidad.
Lo último que sabemos es que hay una guerra, que el covid sigue despierto, que la crisis económica en otoño será de órdago y que el cambio climático nos está provocando la mayor ola de calor…si no vemos nada más, dan ganas de echar a correr.
Pero no, hay grandes historias ahí fuera que jamás saldrán por la TV porque no venden.
La televisión y los medios actuales están producidos y orientados a una masa mayoritaria de gente que no lee, que no cultiva su espíritu critico, y que por lo tanto, busca simplemente que la entretengan, aunque sea a base de telebasura, desgracias o gente «despellejándose» en prime time por unos euros.
Que sirva esta ilustración de #GerhardHaderer para reflexionar y para tratar de alimentar nuestro espíritu por otros medios como la lectura o el contacto con la naturaleza.
Recuerda que tú eres el protagonista de tu propia película y tú decides cómo vivirla.

Esta ilustración de #GerhardHaderer puede parecer una exageración, pero es reflejo de cómo está creada esta sociedad supuestamente moderna en la que vivimos.

Consumimos horas y horas de contenido vaciado de valores. Y los consumimos de forma impulsiva puesto que nos hemos enganchado al titular, al ruido, al impacto y, hemos dejado del lado lo profundo, la reflexión.

La televisión como la publicidad están dirigidos a un tipo de consumidor que vive el momento, que busca estímulos constantes para alejarse del ritmo frenético y agotador del día a día.

Solo buscan consumo en masa de productos que sacien su necesidad de «caricias», aunque sean a base de ver telebasura, telediarios apocalípticos, comprar cosas innecesarias de manera compulsiva o comer refinado o comida rápida.

El fin justifica los medios. En la sociedad «líquida» de la que hablaba Baumann todo es efímero, fluido, provisional, multi estimulador que hace que lo que cuenta más sea la estimulación en sí, que la propia experiencia. Esta dura apenas, ya que el afán de experimentar es un mero proceso.

Han conseguido también que la hiperconectividad nos haga sedentarios …si ya veo todo, a todas horas y en todas partes, ¿para qué salir?

Y para colmo, la comida refinada se ha colado en nuestras vidas para satisfacer de manera ansiosa el apetito, hasta convertirse en adictiva.

Reflexionemos de vez en cuando hacia donde vamos o nos llevan…sociedad paquetizada, estándar, sedentaria y sin cultivo del alma…Una sociedad asi esta preparada para ser domesticada y manipulada al gusto del poder tirano.