El 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de Lucha contra la Depresión con el objetivo de sensibilizar y concienciar sobre esta enfermedad que afecta aproximadamente a 280 millones de personas en el mundo. El 7,2 % de la población de la UE sufre de depresión crónica y la cifra se multiplica por cuatro en el caso de las mujeres.

Una de las causas principales de la depresión es la soledad no deseada prolongada en el tiempo junto con el aislamiento social.

Alguien podría decir que como es posible sentirnos solos y aislados en una sociedad tan hiperconectada como la actual.

Nunca antes hemos estado tan conectados. Con las redes sociales podemos incluido volver a conectar con gente de nuestra infancia o que viven a miles de kilómetros de nosotros, pero sabemos que su uso es desmesurado. Las redes han traído consigo su propio lenguaje. Likes, retweet, “hashtag”, mensaje directo entre otras muchas opciones.

Todas virtuales, escritas, sin apenas conexión humana. Incluso si escribimos algo, las palabras se acortan o se inventan para acelerar las interacciones, aunque estas sean superficiales. La pandemia y su confinamiento fueron la conquista de lo digital y en consecuencia, un agravamiento de la soledad y el aislamiento para muchas personas.

El problema de este lenguaje virtual es que nos aleja cada vez más entre nosotros. Muchos chicos jóvenes sólo contemplan relacionarse por las redes, no hace falta que se encuentren en persona para tomar algo. Ya no se llaman por teléfono ni siquiera para felicitar el cumpleaños o para cualquier otra efeméride.

Lo virtual ha deshumanizado tanto las relaciones sociales que incluso en Japón ya hay gente que busca tener un robot en casa como amigo ante las dificultades de relacionarse con sus semejantes.

Otro de los fenómenos que me alucinan son las gafas de realidad virtual. Las he probado y son la puerta a un mundo nuevo. Te ves inmerso en nuevas realidades que te hacen creer que estas en un universo paralelo. El peligro como todo es el uso correcto. El abuso puede provocar que haya gente que se sienta más a gusto en la realidad virtual que en la real, lo que puede provocar más soledad y por lo tanto, la posibilidad de caer en la depresión.

No podemos olvidar tampoco que estamos en lo que Han llama la sociedad del rendimiento. Vivimos para trabajar y con la sensación de que debemos constantemente rendir. Nos han vendido la idea de que todo se puede y no hay límite, que todo depende de ti.  Esto provoca que mucha gente acabe agotada y con depresión.

Está claro que este ritmo frenético no sirve para nada. Creo que hemos olvidado de cuando es nuestra misión en la vida. Qué queremos hacer con ella, de dónde venimos y adónde vamos.

¿Qué no estamos haciendo que nos gustaría hacer? La vida, que sepamos es una, y si no la vivimos se nos puede pasar en un plumazo e irnos al “otro barrio” sin siquiera recordar que hicimos de provecho en la vida.

La depresión es un mal actual que no sólo se cura con medicamentos. Tenemos la tendencia de etiquetar todo lo que nos ocurre y a aplicarle un parche para aliviar o tapar rápidamente aquello que nos sucede.

Hay un componente genético muy importante que no podemos obviar, pero hay otro porcentaje también importante de quienes somos que depende de nuestro entorno.

Tal vez si trabajamos lo que depende de nosotros, seamos capaces de “parchear” nuestras preocupaciones y tomar las riendas de nuestra vida.

Se necesita tomar perspectiva, volver a socializar, conectar con la naturaleza, apoyarte en gente que la ha superado, agradecer y hablarte con generosidad, e ir paso a paso.

 

 

Asia, y en particular Japón, siempre ha sido un pozo de sabiduría.

Ya en los años 50, un ejecutivo japonés de la empresa Toyota, Masaki Imai, ideó un proceso de mejora continua en la empresa al que llamó Kaizen.

Esta palabra se divide en japonés en 2 kanjis, 2 significados. “Kai” significa cambio y “zen” se traduce como “bueno”.

Se trataba de que entre todos los empleados de la empresa se revisaran los distintos procesos, encontraran problemas que resolver y pensaran en mejoras.

Pero estas revisiones debían traducirse en mejoras continuas de la empresa, por pequeñas que estas fueran.

Cada 1% de las mejoras continuas y diarias tendrían un impacto muy importante a final de los distintos periodos.

Lo bueno de este llamado efecto “kaizen” es que este método de mejora continua es aplicable a todos los ámbitos, no sólo en la empresa, pero tanto en la vida familiar como personal.

En el ideario de esta filosofía se contemplaban una serie de principios básicos.

Uno era que todo punto de partida requería reconocer su necesidad y, por lo tanto, reconocer que el problema desde un punto de vista realista y crítico. El camino de la mejora es continuo, nunca se termina. Cuando logras una, ves las siguientes y así sucesivamente.

Otro de los principios que mas me gustan y que es muy necesario, es que busques la sabiduría de varias personas más que el de una sola. Pero no esperes una solución perfecta, porque no la hay. Lo peor es no actuar y paralizar la acción.

Además, se señala que la mejora aunque sea pequeña tiene que ser continua. Esta necesidad de mejora está ligada a un espíritu sano de ambición por hacer las cosas mejor, por cambiar, por no acomodarse.

Por último, se incluyó la regla de los 5 por qué como herramienta para llegar a la causa raíz de los problemas.

Las ganas de mejorar, de intentar cambiar aquello que no nos gusta es lo que podemos controlar. Si nos centramos en como mejorar el proceso, obtendremos mejoras que cambiaran nuestra realidad. Desapégate del resultado.

Prueba con pequeños cambios, reconoce tus mejoras, rodéate de gente experta y sigue el camino que te has marcado, obviando aquellos obstáculos que son externos a tí y que no puedes controlar.

 

 

 

El fracaso lo podríamos definir como la no consecución del éxito. El éxito puede ser definido como aquella meta que nos hemos planteado, pero no logrado.

Vivimos en una sociedad en el que el éxito se ha convertido en el objeto más preciado. El éxito es una aspiración social que te aporta reconocimiento, reputación y una mejora en tu autoestima.

Si además tu éxito se traslada a las redes sociales, su efecto se multiplica y trasciende los límites convirtiéndose en una vara de medir el prestigio social.

Pareciera por tanto que el éxito es igual a lo que llamaban los estoicos la eudaimonia, que se traduce como autorrealización o felicidad.

Pero en la sociedad actual en la que todo fluye tan rápido, el éxito es efímero en la mayoría de las veces. Las redes encumbran a nuevos influencers cada día y defenestran a otros en lo que canta un “tweet”. Parece que lo que importa es llegar y besar el “éxito”, al menos una vez.

Se mezcla tener éxito con tener reconocimiento, aunque este dure unas horas. Nos han inculcado la idea de que no hay límites, de que somos capaces de todo con solo proponerlo, con independencia de nuestros talentos. De ahí, que nos topemos a veces con la surrealista realidad de personajes que son capaces de todo por un éxito pasajero.

Pero el problema viene cuando se apaga el foco de la fama, ya no se nos reconoce como antes o simplemente la gente ya no te sigue. En ese caso, la caída puede ser muy dolorosa si no estamos preparados. Es entonces cuando se habla de fracaso.

Este palabro está mal visto en nuestra sociedad. Si nos echan en el trabajo, o la empresa que has montado no funciona como quisieras, o nos separamos de la pareja, intentaremos ocultarlo o al menos “edulcorar” la historia para no parecer un fracaso y, sobre todo, un fracasado.

Pero el fracaso tiene una función esencial. Tiene un potencial de aprendizaje enorme si sabemos aprender de él.

Sin el error, no hay experiencia ni conocimiento. Cristóbal Colón pensaba que había llegado a Cipango (como él llamaba a Japón) pero por error llego a Cuba, y lo que se suponía que eran las Indias, se conviertió en América.

El fracasador no es un fracasado. Es alguien que ha salido de su “zona de confort”, que ha decidido actuar y que ha errado. Pero lo más importante no es lo que te pasa, sino como te lo tomas.

Depende de tu actitud ante el error, verte y comportarte como una víctima o luchar y entrenar tus habilidades para mejorar. Sino que se lo digan a los grandes inventores de la historia, que nunca dejaron de creer y de levantarse, a pesar de equivocarse una y otra vez.

Recuerda que eres el protagonista de tu película y tu decides como la quieres crear.

 

Gracias @johnholcroftillustration

En esta sociedad frenética en la que vivimos, da la sensación de que necesitamos dosis de recompensa que nos sacie nuestras ansias de placer.

La dopamina es un neurotransmisor del sistema central y corresponde al centro del placer del cerebro.  Regula, entre otras diferentes funciones, la motivación y el placer.

Necesitamos o, quizá, mejor dicho, nos han inculcado la multi estimulación ya sea en forma de comida rápida, bebidas saciantes, la televisión, el alcohol, los videojuegos, el sexo, las drogas, las redes sociales, las compras, las apuestas y el juego… Nos hemos convertido en adictos en busca de nuestra dosis de dopamina.

Hoy en día, nos cuesta mucho estar sin hacer nada. El silencio se ha convertido un valor en sí mismo, ya que estamos acostumbrados a vivir con ruido y tareas múltiples.

Nos sentimos muy incomodos en silencio, sin estar estimulado y eso nos genera angustia. Como por ejemplo la angustia de ver a nuestro hijo un día sin la playstation o el móvil. En ese momento le viene el mono por no poder seguir consumiendo su «droga» favorita.

El mero paso del tiempo es angustioso y tenemos que colmarlo como sea, pero de manera estimulante y efímera. Tendemos a rechazar lo negativo y a estar solos, a pensar, a hacer pausas. Toda calma eso es un estorbo para una sociedad adictiva.

La dopamina no entiende de silencios. El problema es que estamos creando personas adictas, incapaces de reflexionar, que siguen el discurrir histérico de nuestro día a día sin pararse a pensar quienes son y a donde van.

El grado de ansiedad que provoca esta sobre estimulación va en aumento. Cada vez los contenidos ya sea de televisión o de cualquier otra cosa están pensado para provocar una estimulación inmediata para saciar nuestra sed. Sexo, violencia, muerte, rebajas sin cesar, juegos a todas horas…todo es valido y si puede ser, las 24horas para evitar sufrir el mono.

Una de las cosas que creo se debería hacer es una especie de ayuno de dopamina en el que pongamos en práctica la desconexión. Por ejemplo, apagar el móvil todo un día e irnos a pasar el día a la naturaleza. Otra medida, podría ser dejar el alcohol o desconectar la play durante un tiempo y escuchar que sensaciones nos provoca.

El cambio de hábitos tóxicos a saludables nos va a ayudar a ir dejando atrás nuestra ansia desmedida de dopamina. Pero para ello debemos primero darnos cuenta del problema y querer transformar esa realidad. Siempre se está a tiempo.

Uno de los roles que recuerdo trabajar en terapia era el de salvador.
El salvador es esa persona que cuando tienes un problema se presta voluntario para resolverlo.
no le has pedido ayuda, pero siente la necesidad de atender tus necesidades por encima de las suyas. Es como el socorrista que está siempre preparado con su boya para salvar a los demás.
Siente que tú no sabes ni tienes la capacidad para resolverlo. Toma un rol de padre que te hace sentir pequeño, pero que a él le hace muy grande.
Es un juego inconsciente en que te dejas llevar, pero que puede volverse más negativo aún si no sigues los dictados del salvador. En ese caso, el salvador se convierte en un perseguidor y tú en una víctima .
Como digo, el salvador actúa de forma inconsciente. Es posible que desde pequeño haya tenido que asumir responsabilidades muy pronto y dejara de ser niño. Eso puede provocar que sus necesidades estén en un segundo plano frente a las de los demás.
Piensa en el niño que perdió al padre muy pronto y tuvo que ayudar en casa para salir adelante o, el niño que se ha criado con la canguro porque los padres siempre estaban fuera trabajando. Estas situaciones marcan desde una edad muy temprana, y derivan en adultos con carencias afectivas.
Lo importante es tomar conciencia. Es posible que hayas actuado como salvador o que lo hagas habitualmente. Empieza a cubrir tus necesidades primero poco a poco.
Antes de ayudar, primero espérate a que te la pidan y piensa si tienes capacidad y tiempo.
Muchas veces actuamos de forma inconsciente, como resultado de cómo otros han actuado con nosotros en nuestra infancia.
Del mismo modo, cuando alguien nos quiera salvar, aprendamos a poner los límites para evitar males mayores.
Uno de los roles más comunes en nuestra sociedad es el de la víctima.
Todos conocemos a esa persona que va con todo el día con la cara que parece que lleve escrito “Ay, pobre de mí”.
Es gente que suele verbalizar lo mal que está y al mismo tiempo alaba tu supuesta suerte. Yo estoy mal, tú estás bien.
El lenguaje no verbal es también muy evidente. Cabeza gacha, cuerpo encogido, mirada perdida, resoplan. Quién no se ha sentido así alguna vez.
El tema es que la víctima se siente a gusto en ese rol, porque así atrae la atención de los demás.
Normalmente si le ofreces una solución a su problema, no la tomará porque entonces ya no recibirá la atención que busca. Te dirán “sí gracias, pero…”, con lo que siempre encontrarán una excusa para no hacer, no cambiar. Todo este comportamiento es inconsciente.
Es posible que tenga miedo a enfrentarse con sus responsabilidades y que culpe al mundo exterior  de sus males…por eso manipulan a los demás para su propio fin.
Por eso también son gente perezosa y que no pasan a la acción.
Pero este rol es una consecuencia inconsciente derivada de nuestros miedos. Lo importante es no caer en la manipulación, no juzgar pero acompañar a la víctima para que tome conciencia de sus actos y palabras.
Quizá empezando por asumir pequeñas responsabilidades y recompensándose por lo avances. Alimentar poco a poco la autoestima puede ayudar a hacer grandes cambios.
Nunca es tarde para cambiar puesto que tú eres el protagonista de tu propia película.
Gracias @pawel_kuzcynski1
Esta ilustración de #Johnholcroft me recuerda cuando viajaba a Japón y tenía que recorrer largos pasillos en el metro de Tokio.

El metro suele estar abarrotado y con un movimiento incesante de gente. Parecían autómatas????. Todos en silencio, andando al unísono y vestidos de traje gris o negro con cartera a juego. Eso lo vi en Japón ????????pero es aplicable a cualquier otro país de los que llaman civilizados

????¿Qué nos ha pasado como adultos para aceptar esta supuesta normalidad?

????Como bien dice la coach @claudiabruna.coachingpadres la clave es trabajar los valores de la diferencia. La unicidad nos lleva al deterioro de nuestro yo, de nuestra creatividad y originalidad.

????Queremos ser “normales” y eso nos apaga. Tratar de encajar en la sociedad nos limita el poder que todos llevamos dentro. Es importante abrir los ojos y la mente, dejarse sentir y sacar nuestro niño interior.

????Todos tenemos un héroe ????dentro y una vida que exprimir…El encaje debe ser en uno mismo, en base a lo que queramos ser y no en lo que tenemos que ser o en lo que se espera de nosotros que seamos.

Gracias @johnholcroftillustration

Desde pequeño, siempre he oído en casa la expresión “tienes que hacer esto o lo otro” . Seguro que a tí te ha pasado igual.
Luego vas creciendo y la misma frase la oyes en el trabajo, y por qué no decirlo, en la relación de pareja .
Las palabras no son neutras. Contienen una carga emocional muy importante .
Muchas veces no nos damos cuenta, pero cuando le decimos a otro “tienes que…”, estamos imponiendo a otro una obligación o haciendo un juicio.
Muchas veces es inconsciente, pero cuando recibes ese mensaje te sientes condicionado, obligado, presionado.
Del mismo modo, el emisor debe cuidar otros aspectos del mensaje además de las palabras. Cuando sube el tono de voz o hace gestos corporales como subir la barbilla o señalar con el dedo, está sin saberlo provocando en el otro esa emoción negativa.
Te aconsejo que a partir de ahora pruebes a cambiar el “tienes que” por “creo que» podrías hacer esto o lo otro”. De lo contrario es muy dificil que el mensaje llegue de la forma que deseas y, por lo tanto, produzca el efecto deseado.
Notarás que de inmediato el otro lo recibe bien , no salta ni se irrita  Lo aprendí hace tiempo y me funciona, sobre todo con gente susceptible y con baja autoestima.
Modula cómo dices las cosas, evita el juicio y verás que el mensaje y la comunicación fluyen.
Empieza por hacer pequeños cambios en tu vida y se abrirán nuevas oportunidades
Tu eres el protagonista único de tu propia película
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#lenguajeemocional #pequeñoscambios #estilodevida #nuncaestardeparaempezar
Desde siempre tuve un problema con el NO y lo que ello representaba si lo expresaba.
No sé si te ocurre lo mismo, pero decir NO representaba un reto, un problema…”y si le sienta mal…y si provoco algo malo…”.
Ese “y si…” me bloqueaba y acababa por aceptar de manera resignada.
Tal vez un exceso de prudencia ,miedo a la reacción o juicio del otro combinado con una baja autoestima me hacía decir sí a pesar de ir en contra de mis deseos.
Tras un trabajo personal, aprendí la importancia de decir NO, pero no de cualquier manera.
Es muy importante decir NO sin necesidad de herir u ofender al otro, expresando lo que uno siente y defendiendo nuestra postura de forma honesta.
Es necesario desligar tu NO de cualquier resultado o reacción personal del otro, porque de lo contrario nos volverá el miedo y no podremos decir lo que realmente queremos.
Prácticalo a menudo. Te ayudará a reforzar tu autoestima y a posicionarte respecto del otro.
Empieza a cuidar la persona que tú eres, sólo así afianzarás tu camino
Otra de las cosas importantes que aprendí en terapia es a identificar y parar a los que le toman a uno como su basurero  emocional.
Es una metáfora que me impactó en su día pero que ilustra muy bien que ocurre a diario.
Cuantas veces no te has encontrado con alguien que, por ejemplo, te cuenta sus quejas por la actitud de un tercero, o la que siempre ve el lado negativo de las cosas; o la que suele gritar mucho…y nosotros seguramente hemos echado basura muchas veces en otras personas.
Esa basura  es negatividad que te echan y que se te queda y provoca a su vez negatividad  en otros. Es contagiosa, de ahí que trates de pararla antes de que se impregne y la proyectes en un tercero.
Es muy importante saber identificar al que nos usa como basurero y pararle los pies sin ofender, poniendo los límites.
Hay que entender la situación, no juzgar y sobre todo decirle que no te use para descargar su negatividad en ti.
Es muy importante tratar de darle la vuelta  a la situación, tratando de buscar el lado positivo, haciéndole ver las cosas desde un prisma distinto.
Es un ejercicio que funciona y que sirve para no contaminarte y que la otra persona a tomar conciencia y no vuelva a hacerlo.