El fracaso lo podríamos definir como la no consecución del éxito. El éxito puede ser definido como aquella meta que nos hemos planteado, pero no logrado.
Vivimos en una sociedad en el que el éxito se ha convertido en el objeto más preciado. El éxito es una aspiración social que te aporta reconocimiento, reputación y una mejora en tu autoestima.
Si además tu éxito se traslada a las redes sociales, su efecto se multiplica y trasciende los límites convirtiéndose en una vara de medir el prestigio social.
Pareciera por tanto que el éxito es igual a lo que llamaban los estoicos la eudaimonia, que se traduce como autorrealización o felicidad.
Pero en la sociedad actual en la que todo fluye tan rápido, el éxito es efímero en la mayoría de las veces. Las redes encumbran a nuevos influencers cada día y defenestran a otros en lo que canta un “tweet”. Parece que lo que importa es llegar y besar el “éxito”, al menos una vez.
Se mezcla tener éxito con tener reconocimiento, aunque este dure unas horas. Nos han inculcado la idea de que no hay límites, de que somos capaces de todo con solo proponerlo, con independencia de nuestros talentos. De ahí, que nos topemos a veces con la surrealista realidad de personajes que son capaces de todo por un éxito pasajero.
Pero el problema viene cuando se apaga el foco de la fama, ya no se nos reconoce como antes o simplemente la gente ya no te sigue. En ese caso, la caída puede ser muy dolorosa si no estamos preparados. Es entonces cuando se habla de fracaso.
Este palabro está mal visto en nuestra sociedad. Si nos echan en el trabajo, o la empresa que has montado no funciona como quisieras, o nos separamos de la pareja, intentaremos ocultarlo o al menos “edulcorar” la historia para no parecer un fracaso y, sobre todo, un fracasado.
Pero el fracaso tiene una función esencial. Tiene un potencial de aprendizaje enorme si sabemos aprender de él.
Sin el error, no hay experiencia ni conocimiento. Cristóbal Colón pensaba que había llegado a Cipango (como él llamaba a Japón) pero por error llego a Cuba, y lo que se suponía que eran las Indias, se conviertió en América.
El fracasador no es un fracasado. Es alguien que ha salido de su “zona de confort”, que ha decidido actuar y que ha errado. Pero lo más importante no es lo que te pasa, sino como te lo tomas.
Depende de tu actitud ante el error, verte y comportarte como una víctima o luchar y entrenar tus habilidades para mejorar. Sino que se lo digan a los grandes inventores de la historia, que nunca dejaron de creer y de levantarse, a pesar de equivocarse una y otra vez.
Recuerda que eres el protagonista de tu película y tu decides como la quieres crear.
Gracias @johnholcroftillustration
