Cualquiera que haya visitado un hospital o centro de salud recientemente, se habrá dado cuenta de que más que centros de salud, son de enfermedad. No son lugares en los que quieras estar mucho rato, aunque sea de visita.
Ruido, gente, pacientes, luz artificial y un olor, difícil de describir, tal vez cercano a la lejía. Quizá sea por ello que no nos haga mucha gracia que nos digan que nos tienen que ingresar por alguna patología.
Siempre he pensado que los hospitales están muy lejos de ser verdaderos centros de sanación. Son centros puramente de curación, demasiado centrados en el médico y poco o nada en la prevención y la educación del paciente.
Tampoco son centros “soul-friendly”, es decir, que cuidan de tu estado de ánimo y de tu bienestar. Las habitaciones son un ir y venir de personal sanitario, muchas veces sin llamar a la puerta y a cualquier hora del día y de la noche. Si tienes suerte, el médico pasa a verte un ratito a contarte el parte. Ni qué decir tienen las habitaciones en hospitales públicos donde uno tiene que compartir habitación con alguien que no conoces. Privacidad poca o ninguna.
El hospital o centro de salud no puede ser un lugar frío como si se tratara de un taller mecánico. Deberían ser lugar donde se respire, nunca mejor dicho porque se ventila poco, humanidad. Son centros de sanación y de recuperación, por lo tanto, porque no mejorar el entorno para que visual y sensorialmente sean más relajantes. Tal vez espacios verdes, habitaciones más amplias y con vistas a la naturaleza, con luz natural, y muebles cálidos y quizá mucha relajante. Tal vez pintar las paredes o incorporar color o mensajes de empoderamiento…Ni qué decir del menú de los hospitales, que podrían ser sí o sí con la máxima calidad nutricional posible y de ingredientes. Estamos recuperando y sanando…lo recuerdo.
Otro de los elementos importantes que escasean, pero que se han empezado a implementar, son los gimnasios. Los pacientes, sobre todo los oncológicos, necesitan hacer ejercicio y mejorar la masa muscular para ayudarles en su recuperación.
Esta es la parte de prevención y reeducación en la que estos centros podrían incidir más. Creo que hacen falta muchos más terapeutas y nutricionistas en estos centros, no sólo para contribuir a una mejor recuperación, sino también para enseñar a los pacientes la importancia de la nutrición y del autocuidado en futuras recaídas.
Otro de los aspectos que podrían mejorar mucho el bienestar de los pacientes, son sesiones de respiración y meditación, que ayudarían mucho a calmar la mente.
Los centros de salud no pueden ser una anécdota en nuestras vidas, pero un punto de inflexión, una oportunidad para mejorar la salud en general y para aprender. Se trata de aprovechar esos lugares para empezar a cambiar de paradigma y poner el foco en la prevención. El sistema actual está saturado y corre el riesgo de deshumanizarse aún más por el uso indiscriminado de los recursos que son escasos.
Prevención, prevención y más prevención…
Ilustración: Gerhard Haderer
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