Uno de los roles más comunes en nuestra sociedad es el de la víctima.
Todos conocemos a esa persona que va con todo el día con la cara que parece que lleve escrito “Ay, pobre de mí”.
Es gente que suele verbalizar lo mal que está y al mismo tiempo alaba tu supuesta suerte. Yo estoy mal, tú estás bien.
El lenguaje no verbal es también muy evidente. Cabeza gacha, cuerpo encogido, mirada perdida, resoplan. Quién no se ha sentido así alguna vez.
El tema es que la víctima se siente a gusto en ese rol, porque así atrae la atención de los demás.
Normalmente si le ofreces una solución a su problema, no la tomará porque entonces ya no recibirá la atención que busca. Te dirán “sí gracias, pero…”, con lo que siempre encontrarán una excusa para no hacer, no cambiar. Todo este comportamiento es inconsciente.
Es posible que tenga miedo a enfrentarse con sus responsabilidades y que culpe al mundo exterior de sus males…por eso manipulan a los demás para su propio fin.
Por eso también son gente perezosa y que no pasan a la acción.
Pero este rol es una consecuencia inconsciente derivada de nuestros miedos. Lo importante es no caer en la manipulación, no juzgar pero acompañar a la víctima para que tome conciencia de sus actos y palabras.
Quizá empezando por asumir pequeñas responsabilidades y recompensándose por lo avances. Alimentar poco a poco la autoestima puede ayudar a hacer grandes cambios.
Nunca es tarde para cambiar puesto que tú eres el protagonista de tu propia película.
Gracias @pawel_kuzcynski1
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